
Salud · Testimonio
Saliendo del Covid19
10 de julio de 2020
Decidí escribir ciertos momentos vividos durante mi confinamiento y padecimiento, los cuales podrían servir seguramente a muchos.
Al oír del virus, siempre pensé que nunca llegaría hasta mi ciudad y mucho menos a mi casa, ya que considero Brownsville, TX, una ciudad donde no existe tanto turismo a menos que sea el mexicano. En fin, eso está de más decirlo, cuando los vuelos en este país americano están al por mayor.
Todo empezó hace algunos días cuando regresé de correr y sudar demasiado. Tenía escasos días de haber dejado la Coca-Cola y lo que a la mayoría nos hace daño. Recuerdo tomar agua fría, recuerdo salir a hacer algunas compras, regresé con ciertas molestias en mis ojos y en mi nariz. Recuerdo indebidamente haberme tallado los ojos y aseado mi nariz. Estuve estornudando, hice gárgaras con Listerine, vi algo de TV, y al irme a dormir, me empezó una serie de incontrolables escalofríos.
De ahí siguió la fiebre por 2 o 3 días seguidos, los cuales fueron los peores días. Un dolor de cabeza que parece explotar. Sientes una presión sobre la misma muy fuerte. El ánimo y estrés psicológico es demasiado. Y puedo asegurar que el virus proviene del mismo infierno.
Siempre estuve confiando en Dios, pero tengo que recalcar que mi condición física no ha sido la óptima en los últimos años. Peso cerca de 115 kg, nunca he tenido problemas respiratorios, ni renales, ni de diabetes, ni alta o baja presión, pero sí he tenido problemas de triglicéridos, muy altos por cierto, colesterol del malo mucho, y del bueno nada o muy poco.
He pasado ciertas cirugías que me dan un rango de dolor, entre ellas una cirugía de ligamento cruzado, cirugía de nariz, y recientemente me extirparon un quiste de mi mandíbula inferior. Pudiera decir que el dolor es soportable, pero al ser un virus que no ameritó el uso de bisturí, es bastante doloroso.
Después de las fiebres, nunca tuve una congestión como tal, pero sí empecé a tener, al cuarto día, escurrimiento nasal. Después perdí el olfato y el sentido del gusto. Y con ellos parte del apetito, ya que todo sabe mal o no tiene sabor. Aun las comidas más condimentadas y degustables no se aprecian debido al virus.
Poco a poco, el olfato y el gusto han regresado. Y parte del estrés se ha ido.
Hasta el día de hoy tengo cierta tos cada que respiro aire frío, y después de casi 8 días la fiebre se ha ido. Siempre he estado en la preocupación de qué hacer ante la falta de oxígeno. Los hospitales se han mantenido al máximo de ocupación. Y la paciencia y la oración a Dios han sido mis mejores calmantes.
Esta es la lista que utilicé: Ibuprofeno 800 mg, Azitromicina, Tylenol, Zinc, Vitamina D3, Vitamina C, oxímetro y termómetro. Mucha agua y Gatorade.
Esta lucha, aunque me considero un sobreviviente más del Covid19, no fue una lucha solitaria sino de equipo. Aunque lamento no haber tenido una vida más ejercitada y mejores hábitos alimenticios, creo que también hubiera hecho diferencia.
Dios siempre ha sido mi pastor, y mientras Él esté pastoreando, el pasto siempre será verde.
Mi familia, en especial mi esposa, con la que al parecer hemos compartido todo y hasta el mismo virus, seguimos a la espera de su resultado. Ella tiene un metabolismo al 100% y rara vez la veo enferma.
Tíos (tío Rubén, que es una eminencia en medicina interna), mi primo Sam (si de vitaminas se trata, él es el bueno), amigos y hermanos de la congregación que velan por mi salud y bienestar.
Hoy día, tengo varios miembros de la iglesia enfermos del virus, otros más se han ido, siendo familiares cercanos a los hermanos de la iglesia. Cabe mencionar que todos los positivos de nuestra iglesia se dieron durante el tiempo que estuvo cerrada la congregación. Así que, como foco de contagio, estamos libres. Por ahora esperamos obtener el segundo resultado negativo para poder seguir con lo que Dios nos llamó a hacer.
PD. El virus es una pesadilla del infierno, pero tiene poder limitado. Mientras Dios siga reinando, todas las cosas siguen sujetas a su voz.