
Trabajaba para un abogado muy conocido en el Valle de Texas. Entre trabajando bajo este proyecto llamado víctimas de huracán.
El trabajo consistía en coordinar un equipo de trabajo para procesar las demandas contra aseguradoras de casa, que durante el periodo de huracanes, abandonaron a nuestros clientes.
Así obtener las primas pactadas en los contratos de seguro. En fin, procesamos un gran número con excelentes resultados. Fui de los que empezaron y pudieron terminar el proyecto.
Una de mis últimas funciones era entregar los cheques de compensación para nuestros clientes. Un caso particular, el de una mujer que vivía en el centro de la ciudad (lugar muy humilde). Empece llamando por teléfono a todos los teléfonos registrados en la oficina. Sin tener éxito. Después la indicación era por carta, y al final visitar el domicilio y entregar los 60k dólares en cheque.
Fueron 15 días de búsqueda. Llegaba y tocaba la puerta, bien vestido y manejando un viejo Taurus Ford de la oficina. No había respuesta. En ocasiones podía oír ruido dentro del domicilio pero nadie contestaba a mi llamado.
Un día mientras espero en la cerca, se me acerca un vecino y me pregunta: ” a usted también le debe?” A lo que mi cerebro no procesa de inmediato. Perdo n? Si, el réplica, ¿que si a usted también le debe la vecina?
Continúa diciendo, aquí a todos nos debe, y estamos constantemente esperándola en la banqueta para que nos pague a todos los vecinos. Es una señora que no tiene trabajo, no tiene dinero, y tiene muchas deudas.
Con razón, nadie la puede encontrar, pensé dentro de mi. El vecino se retira y dice: “que tenga suerte”.
Al paso de 15 minutos alguien sale de la casa, es ella, sale muy disimulada y quiere ignorarme. Pues tiene mucha gente buscándola para cobrarle.
Al momento me identifico y le menciono, vengo con buenas noticias de su caso de huracán. Hemos ganado la compensación y traigo su cheque de 60k dls. A lo que una sonrisa inconfundible de 60k dólares se le dibujo en su rostro. Todo el panorama cambió. Su día y su vida completa se transformó. La vieja casa y los errores de la aseguradora le dieron una nueva oportunidad de vida.
Ella dijo:” donde tengo que firmar” y entregamos el cheque.
Me fui a la oficina riéndome de dicha experiencia, y aunque la señora solo me dio las gracias pude ver la transformación inmediata de la misma.
Moraleja. Siempre despierta a una nueva oportunidad de vida, no sea que solo estés prolongando la bendición. Que probablemente ya esta a la puerta.
